
Pues sí, hoy llegó el día ante el cual se estremecen los cimientos de la humanidad, o por lo menos de mi humanidad y las de mis desafortunados compañeros: el examen de Procesos Aleatorios!!!

Fue una cosa maravillosa: Después de estar estudiando intensamente por poco más de una semana ya teníamos idea de lo que estaba hablando el Dr. K y del contenido de este ininteligible curso

. Así que los ánimos iban poco a poco mejorando, conforme se aclaraban los turbios conceptos ante nuestros ojos. La tranquilidad y seguridad comenzaba a permear en nuestros atormentados corazones, pero nada nos prepararía para lo que se avecinaba.

El día llegó y desperté con las alegres e inspiradoras notas del Tema de Superman

, compuesto magistralmente por Su Majestad John Williams, muy adecuado para despertar con optimismo y entusiasmo

, como diría Pompín. Llegué a la escuela orgullosamente mostrando mi formulario, cuyo tamaño carta de una cuartilla no impidió a mi ingenio introducir centenares de fórmulas, integrales, identidades, etc. a un tamaño infinitesimal. Me encontré con mis compañeros, con un ánimo parecido al mío, seguros de que lo estudiado por lo menos redituaría en algo.
Mientras se acercaba la hora del gran suceso del día, nuestro ánimo iba decayendo rápidamente. Aún sabiendo que ya estábamos preparados y que por lo menos nuestras horas de estudo deberían ser recompensadas por una calificación aprobatoria por simple justicia conmutativa, se sentía una atmósfera extraña en el frío viento, el cual enfriaba cada vez más el día que había sido soleado apenas unos minutos antes. La frase que mejor podría describir lo que se sentía es: "I've got a bad feeling about this..." recitada constantemente en la saga de Star Wars.
La hora llegó. Salimos del cubículo, y al pasar por la oficina de Kuhlmann, de la cual él salía también, sucedió la primera señal de que algo malo ocurría. Kuhlmann de inmejorable humor, notando nuestras miradas de terror y oliendo nuestro miedo, nos sugirió calma tras una helada y dominante sonrisa. Ese tipo de sonrisa que expresa con compasión fingida el que tiene a sus pies a su víctima.

Caminamos con resignación al escenario del acto principal, sabedores de la ausencia de nuestra inseparable compañera de tantas batallas: la calculadora. Llegando al salón, cada quien buscó un lugar entre las cómodas pero estrechas butacas de los B's. Armados precariamente con lápiz y goma, viviendo en carne propia la dureza de la arcaica y rudimentaria vida universitaria de nuestros padres, esperamos pacientemente la llegada del Dr. K y sus niñeras asignadas. Pero en lugar de la agradable y ruidosa nana Fine llegaron en este caso Paco y otro cuate

, del cual desconozco el nombre.
Con una sonrisa burlona hicieron entrega de los exámenes. A continuación sucedió lo que en todo examen puede apreciarse: Se oyó algún "Chiiiin..."

por ahí. Tampoco faltaron las risas nerviosas

y los audibles resoplidos y suspiros. Un sollozo por algún rincón

. Un "¡¿Qué?!" lleno de sorpresa.

Declaro que no proporcionaré ni usaré ayuda no autorizada: Sergio A. Moreno
Firmado el contrato con el demonio interrumpió la voz del Dr. K:
¿Alguna duda?
¡¡¡¡¡Sí!!!! ¿¿¿Qué demonios estoy haciendo yo aquí???
Pero ya era demasiado tarde para desertar e ir corriendo a la oficina de bajas. Durante hora y media fuimos atacados por todos los frentes. Todos los cursos de mates nos sonreían malignamente en cada una de las preguntas. Soportamos esa violenta ofensiva y desviamos sus embates como mejor pudimos

, blandiendo cuanta arma matemática recordáramos, quedando exhaustos y con el cerebro chamuscado al fin de la batalla.
Al fin terminó, y se recogieron los exámenes manchados de tinta, sangre y sudor. Los rostros, serenos. Se cayó, pero ante un formidable rival. Lo mejor es que ya pasó, ahora es época de hacer el recuento de los daños de ese huracán. Al contrario de lo que podría pensarse, el ambiente era tranquilidad, pero también alegre y ligero

. La tormenta ya ha pasado...
Serge 